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Túnica Blanca

Misa de Alba

 Sé que ya han pasado unos días, pero no podía resistirme a contar aquella mañana de lunes Santo que, no hace muchos días vivimos todos los que cada año acompañamos a Ntro. Padre Jesús Cautivo y a su Santísima Madre, la Virgen de la Trinidad.

La mañana del Lunes Santo comienza muy temprano, tan temprano que lo correcto sería hablar de la noche del Domingo de Ramos… serían las 22’30 o quizá las 22’45 cuando llegó la hora de irse a descansar pero, primero el ritual debía cumplirse un año más y, para ello se hacía necesario dejar encendido un cirio a una pequeña imagen de Jesús Cautivo que venero en casa, rezarle unas oraciones y pedirle (permítanme que eso quede entre la Bendita imagen del Cautivo y quien escribe estas líneas) tras finalizar con la “oración del Cautivo”  me fui a descansar, no por mucho tiempo la verdad porque serían las 03’30 cuando el despertador empezó a sonar anunciando que un nuevo Lunes Santo se acercaba, que ya había pasado un año y que, había que volver a San Pablo.

A las 03’30 me despertaba de un ligero sueño, común a todos los cautiveros; tras ducharme vendría un sustancioso desayuno (para aguantar la jornada con fuerzas) y finalmente tras vestirme llegaría la hora de llamar al tradicional taxi que me dejaría en C/Trinidad. Cuando esto porque también tiene su magia, ¿saben ustedes? Veréis tras colocarme mi medalla y salir de casa para subirme al Taxi se comienzan a revivir situaciones ya vividas pero, no por ello menos emocionantes…

Como os iba diciendo cuando llegue a C/Trinidad observé con alegría como llegaban los primeros vendedores de claveles, como por las calles se respiraba lo que estaba a punto de suceder y como se veían hombres vestido con sus trajes azul marino o negro deambulando por los alrededores de San Pablo… sí, estaba claro… un año más había llegado el Lunes Santo trinitario…

Aún faltaban algunas horas para que comenzara la misa de alba, serían sobre las 05’30 o 06’00 de la mañana cuando llegaría a la plaza de San Pablo, el sol aún dormía en el oscuro crepúsculo que nos cobijaba en la añeja plaza; plaza en la que por cierto ya e encontraba mucha gente aguardando el momento más esperado… que las puertas de San Pablo se abrieran un año más.

Es curioso como cada año se repiten las mismas imágenes, como cada año esperas a  que se sucedan, como es el caso de aquellas personas que sólo ves una vez al año, personas  que viene desde muy lejos expresamente para presenciar el milagro trinitario. No hace falta decir mucho cuando te vas reencontrando con otros cautiveros… un abrazo, una mirada y claro… otra mirada a San Pablo que también se presenta expectante ante lo que va a suceder. Llegar temprano a la Plaza de San Pablo es también ver como los niños trinitarios aguardan en los viejos muros del deprimido barrio de la trinidad para ver a su vecino más conocido y a su bendita madre, llegar temprano es ver a gente tomando un café en los bares cercano a San Pablo, llegar temprano es oír los murmullos y comentarios de los más impacientes, llegar temprano… ¿quién no llega temprano ese día?

Pasaron las horas con una lentitud infinita, pero por fin del oscuro cielo que nos cubría empezaba a brotar luz de vida, los vencejos de la mañana nos daban los buenos días… finalmente las puertas del templo se abrirían. Aunque ciertamente en ese momento todo el mundo intenta ver el interior de la Iglesia con la esperanza de ver al Cautivo, lo cierto es que no se puede ver nada porque el interior está a oscuras… de todos modos pronto comenzarían a sonar las chirimías y los tambores de los regulares que calle trinidad abajo vendrían despertando a los más rezagados para anunciarles que el Cautivo, Rey de Reyes, se disponía a salir a la calle… es como si con el sonido de las chirimías el cielo se partiera en dos dejando salir un rayo de luz que pronto iluminaría todas nuestras ilusiones.

La misa está a punto de comenzar, el altar donde se celebrará la eucaristía colocado junto a la puerta del templo, los sacerdotes aguardan y el pueblo se impacienta… a lo lejos suena la campana del trono y poco a poco, muy despacito va surgiendo de la nada la imagen de Jesús Cautivo y su Bendita Madre… se aproxima… aún no llega… el corazón en un puño y la respiración hace mucho que perdió su ritmo… ¡por fin, las imágenes son colocadas bajo el dintel de San Pablo, ya han llegado, suena el himno nacional, la gente aplaude, el corazón se nos sale del pecho… la mirada en alto, y las lágrimas que se escapan nos dicen que es cierto… ¡Ay! Que  es imposible… que no se sabe que es lo que te recorre el cuerpo que sí, que es un sentimiento, que estás viendo a tu Cristo en la calle, que es Lunes Santo que la gente no puede contener las lágrimas… niños, niñas, jóvenes adultos, ancianos… que nadie puede reprimirse y hay que soltarlo… que no importa que en breve se vaya a celebrar la misa… porque esta misa de Alba no comienza sin un VIVA NUESTRO PADRE JESÚS CAUTIVO, VIVA MARÍA SANTÍSIMA DE LA TRINIDAD… ARRIBA EL CAUTIVO.

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